14 abril 2015

                                                                                                                                                                                                                                                La música, con letra entra

El primer contacto que tuve con el grupo Los Suaves fue de carácter visual en la tienda de Discoplay, situada en los sótanos de la Gran Vía madrileña. En 1982, el rock and roll puro y duro estaba reservado a leyendas y algunos francotiradores que no entraban en la aplicación de nuevas tecnologías como instrumentos programados y variopintos teclados que por doquier -a muchas grabaciones me remito- daban una sonoridad que nada se asemejaba a la de la larga lista de grupos y solistas a los que desde la década de 1950 sentaban y sientan las bases de un género sin el que no se puede entender la evolución de la música popular.

En el conocido y mítico establecimiento de Madrid estaba a la venta un elepé de un grupo desconocido para mì que tenía un nombre sencillo pero no por ello desacostumbrado para distinguir un combo de roqueros irreductibles en aquellos tiempos de barullo posmoderno nacido al calor de las diferentes movidas que se expandieron por diferentes puntos de la península ibérica. De Los Suaves, luego me enteré que eran paisanos gallegos, me gustaron varias cancciones del disco grande titulado Esta vida me va a matar, pero, sobre todo, guarde a buen recaudo para entonarla durante mucho tiempo la letra de Siempre igual. 

Con el tiempo tuve que dejar Madrid por asuntos de trabajo, y fui a parar a la ciudad de Ourense, cuna de Los Suaves, donde conocí a Charli Domínguez, con quien compartí alegrías, mucha música, y también momentos de desánimo que iban paralelos a la gran pasión del bajista por vivir el rock sin morir en el intento. Y eso es lo que recoge con excelente precisión Javier Domínguez (hermano de Yosi y Charli) en su libro titulado: Los Suaves. Mi casa es el rock 'n' roll, editado en la colección Extramuros de Edicións Xerais de Galicia. La conclusión tras su lectura es que es posible que incluso en el lugar más escondido haya personas que lleven en forma de música y canciones sus vivencias a miles de personas de diferentes generaciones y distintas geografías. ¡Mil primaveras máis para Los Suaves!





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