05 junio 2015

De balda en balda


Una limpieza de las baldas de mi discoteca de vinilos me ha producido el placer agradable de la sorpresa. Polvo, posituras incómodas y levantamiento de pesos se sobrellevan mejor si al final, además de orden y brillo, se produce el reencuentro con dterminados objetos que hacía tiempo que le habíamos perdido la ubicación. El caso es que cuando me encontraba sobre el generoso estante de la década de los setenta del siglo pasado, y realizando un picado sobre una larga fila de elepés, mi mirada se dirigió a los lomos de los discos citados, de los cuales seis fueron desalojados de su sueño casi eterno, pues hacía tiempo que no habían sido invitados a unas vueltas por el plato del tocadiscos. 

Por orden cronológico, el pequeño lote comienza en 1973 y termina en 1978. El reparto por años queda en tres discos de 1973, dos de 1975, uno de 1972 y uno de 1977. 


De 1973, año de lanzamiento pues fue grabado a finales de 1972, es Moon Germs, del saxofonista y flautista estadounidense Joe Farrell (1937 - 1986), editado por el prestigioso sello discográfico CTI y representativo de un estilo de jazz eléctrico en constante búsqueda de nuevas sonoridades que tienen en la música eléctrica una excelente promotora de inspiración, virtuosismo y sentimiento. En la Moon Germs, además de Farrell, intervienen Herbie Hancock (piano eléctrico), Stanley Clarke (bajo) y Jack DeJohnette (batería). Del repertorio sobresalen las piezas encargadas de abrir y cerrar el disco, las más largas, Great George y Bass Folk Song.

El segundo disco de 1973 lleva el título de Short Stories (Elektra), tercer LP del cantautor de Nueva York Harry Chapin (1942 - 1981), uno de esos artistas entrañables desaparecido prematuramente y del que, entre su legado, destacan varias canciones esparcidas entre los diferentes álbumes grabados durante una década. De esas piezas hay que señalar sobre todo una de las más conocidas a nivel internacional. Se trata de la titulada WOLD, incluida en Short Stories, y que demuestra la capacidad del Chapin para expresar las pequeñas cosas de la vida sin que por ello pierdan intensidad. Harry sabía ahondar mediante sus introspecciones literarias en forma de cantos en diferentes estados de ánimo, en los que no faltaban la tristeza y la melancolía que se perciben con especial intensidad en otras composiciones: Song Myself, Mr. Tanner, Mail Order Annie y Old College Avenue. 

Head Hunters (Columbia), del pianista Herbie Hancock, cierra el trío de los discos editados hace 42 años, y que mantiene la línea del jazzman estadounidense utilizada en el primer disco censado aquí. En la línea de largos desarrollos musicales, el teclista norteamericano se adentra contundentemente en la música electrónica, hasta el punto de echar mano a instrumentos, entre ellos el sintetizador, que constituían una línea nueva dentro del jazz de la primera mitad de la década de 1970. Hancock no rehuye la inmersión en estilos en teoría alejados del jazz y muestra una especial querencia por una música de fusión en la que aparecen r&blues, percusiones africanas, soul y jazz, todo un acierto que convierte a Head Hunters en el espejo que se miran compositores y músicos de distintas generaciones, quienes sin duda admiran composiciones como Chameleon y Watermelon Man que, junto a Sly y Vein Meilter, convierten al Head Hunters en uno de los discos más influyentes del jazz instrumental. 


El soul y el funk están presentes en el tercer disco grande en estudio de The Pointer Sisters: Steppin (ABC), 1975. El trío de cantantes de Oakland California no se arredra ante canciones de largo recorrido como se puede comprobar en la primera escucha del LP, How Long (Betcha' Go A Chick On The Side), en cuya composición intervinieron dos de las hermanas Pointer, que aportan su acierto para mantener  bien juntos soul y danza, como hacen incluso en canciones emparentadas con el blues negro Chainey Do. Las Pointer incluso van más allá en relación con su necesidad de reconocer el legado de sus ancestros musicales, de ahí que no duden en realizar un homenaje a Duke Ellington mediante la composición I Aint' Got Nothin The Blues, elaborada para big band y perfecta en armonías vocales por parte del trío vocal. Y como broche de cierra, hay que citar la versión de Going Down Slowly, de Allen Toussaint, una pieza que entra en el club de las grandes interpretaciones del r&blues intemporal.


Música planeadora, Kraut rock, electrónica o música espacial, pero al fin música, es lo que ofrece en el prolífico teclista y percusionista alemán Klaus Schulze en Timewind (Virgin), que en aquel año de aparición de 1975, el denominado rock alemán se encontraba en un excelente momento y con grupos señeros como Tangerine Dream, en el que en sus comienzos estuvo Shulze. Música de sintetizadores, variadas melodías y la tendencia a incluir sonidos diversos representan la base del LP que se dividía en dos partes: Bayreuth Return y Wahnfried 1883, una hora de duración más o menos y composiciones representativas de las mejores entregas discográficas de Schulze. El citado material sería ampliado en posteriores soportes mediante la inclusión de tres piezas que se aproximan a otra hora de duración.

El espacio se cierra con el disco de una de las grandes promesas blancas de la guitarra eléctrica de los años 70: Robin Trower, que ponía en circulación en 1978 el disco grande In City Dreams (Chrysalis). Con una formación básica, el músico británico intentaba mantener en el candelero su particular forma de entender el blues rock de tendencia pesada, pero abierto a otros estilos como el soul y el funk. El disco no figura entre los más aprecidados por la crítica, pero es una obra efectiva a la hora de poner sobre el tapete las mejores armas del guitarrista a la hora de tocar, es decir técnica, inspiración y apoyo en una excelente sección rítmica. De esa labor quedaron como Sweet Wine Of Love, BlueBird  y Farther Up  On The Road, que el paso inexorable no traslada al cajón del olvido.