28 marzo 2019

Scott Walker 
(1943, Hamilton, Ohio - Londres, 2019)



El destino hizo posible el encuentro con Scott Walker cuando allá por 1966 tarareaba The Sun Ain't Gonna Shine (Anymore) mientras abría sobres de cromos en busca de caras nuevas de futbolistas. Las excelencias vocales de The Walker Brothers llegaban gracias a emisoras de radio que intentaban alegrar la jornada en días de color gris a escolares renegados y adictos a la calle más que a las aulas.

Como había pasado anteriormente través de las ondas radiofónicas y de alguna imagen perdida en los uniformados informativos de la televisión única y española, los Walker, que no eran hermanos y tampoco europeos, se colaron en territorio de conjuntos de la invasión británica con sus pop orquestado. Londres estaba de moda. Y en su estadio de Wembley, en pleno verano, uno de aquellos jugadores de los cromos, Bobby Moore levantaba la copa Jules Rimet que convertía a Inglaterra en campeona del Mundo de Fútbol. La "city of London" era la madre de todas las modas, el british pop invadía incruentamente el mundo con sus inolvidables melodías. 

The Beatles, The Rolling Stones, The Kinks, The Who y The Animals, entre otros, eran los nombres que ganaban en las preferencias de muchos niñatos con más oreja para el rock que para el latín eclesiástico que se colaba en planes de estudios tendentes a favorecer el fracaso escolar o el trasvase a la FP, cuando no a un puesto de botones o aprendiz de algo.

El tiempo de gloria, de vino y rosas, se esfumó para muchos de aquellos grupos como para sus seguidores que continuaron descubriendo nuevas alternativas a los distintos géneros que desde el rock and roll se iban perfilando para consumo de los jóvenes. Inglaterra cedió el protagonismo musical a la soleada California. Y de aquellos Walker que no eran hermanos, surgió un Scott alejado del acaramelado beat de los Walker. Nacía un compositor y cantante de culto que ya apuntaba alto en su primer LP homónimo, lanzado en plena efervescencia del rock psicodélico, pero con osadas orientaciones hacia melodías de crooners solventes tanto en voz como en carga literaria de las canciones que interpretaban. De eso sabía bastante Scott, quien reedescubría a Brel y otros cantautores respetados y universales.

En 1967 Scott Walker ponía la primera piedra de su carrera en solitario que ha durado hasta su todavía prematura muerte física el 24 de marzo en  la ciudad de Londres que acogió de buena gana tanto sus canciones de pop barroco como sus experimentaciones atormentadas sobre la condición humana. Como colofón a su legado, con sus aciertos y desatinos, se puede decir la frase leída en algún soporte de la Galaxia Gutenberg:  "La victoria te da una felicidad momentánea, la honradez te la da para siempre. Son los ladrillos del castillo que vas construyendo poco a poco, con una solidez que durará siglos".


















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